Jesús es Nuestro Ejemplo

Jesús es nuestro ejemplo por excelencia sobre cómo interactuar con la población con discapacidad.

En su paso por la tierra, Jesús modeló la atención, el cuidado, la compasión y el amor por las personas con discapacidad. Como cristianos, estamos llamados a imitar al Maestro.

En su época, Él rompió estereotipos al interactuar con esta población.

Él veía a la persona antes que al diagnóstico.

A lo largo de los Evangelios tenemos varios pasajes bíblicos que nos muestran ese tipo de  interacción, pero en esta ocasión quisiera que me acompañaras a reflexionar específicamente en dos.

I. Jesús escucha el llamado de dos hombres ciegos.

Mateo 20:29-34 (NBLA) dice lo siguiente:

Al salir de Jericó, una gran multitud siguió a Jesús. Y dos ciegos que estaban sentados junto al camino, al oír que Jesús pasaba, gritaron: «¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros!». La gente los reprendía para que se callaran, pero ellos gritaban más aún: «¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros!».

Y deteniéndose Jesús, los llamó y les dijo: «¿Qué quieren que Yo haga por ustedes?». Ellos le respondieron: «Señor, deseamos que nuestros ojos sean abiertos». Entonces Jesús, movido a compasión, tocó los ojos de ellos, y al instante recobraron la vista, y lo siguieron.

A pesar de la multitud y el tumulto, Jesús escuchó el llamado de estos dos hombres ciegos que clamaban por misericordia. Y no solo eso, Él tuvo compasión. La Real Academia Española define compasión como un sentimiento de pena, de ternura y de identificación ante los males de alguien. En otras palabras, Jesús se identificó con el clamor de estos dos hombres.

Pero, además de detenerse, ¿qué hizo Jesús?

  1. Los llamó.
  2. Les preguntó: «¿Qué quieren que Yo haga por ustedes?».
  3. Respondió con compasión.
  4. Les concedió su petición.

¿Cuántas veces nos detenemos ante el llamado de una persona con discapacidad? Y no estoy hablando solo de un llamado verbal, sino de que, con intencionalidad, podamos percibir cuando necesitan nuestra ayuda.

¿Cuántas veces nos detenemos a escuchar las necesidades de esta población y sus familias? Te sorprenderá saber que muchas veces no tiene nada que ver con lo material, sino más bien con la presencia y el interés que mostremos hacia ellos.

Agudicemos nuestros sentidos para ver y oír a aquellos con discapacidad que están a nuestro alrededor.

II. Jesús nos muestra que la persona es más importante que la religiosidad.

Para ver este punto, leamos Mateo 12:9-14:

Pasando de allí, entró en la sinagoga de ellos. Y allí estaba un hombre que tenía una mano seca. Y para poder acusar a Jesús, le preguntaron: «¿Es lícito sanar en el día de reposo?».

Y Él les respondió: «¿Qué hombre habrá de ustedes que tenga una sola oveja, si esta se le cae en un hoyo en el día de reposo, no le echa mano y la saca? Pues, ¡cuánto más vale un hombre que una oveja! Por tanto, es lícito hacer bien en el día de reposo».

Entonces Jesús dijo al hombre: «Extiende tu mano». Y él la extendió, y le fue restaurada, sana como la otra. Pero cuando los fariseos salieron, hicieron planes contra Él, para ver cómo lo podrían destruir.

En estos pasajes vemos la intención de los líderes religiosos; a este punto, ellos estaban buscando cualquier excusa para acusar a Jesús. Pero Jesús deja algo claro: la persona importa más, no solo que un animal, sino también que las tradiciones religiosas.

Aquí quiero aclarar algo: en nuestras iglesias hay espacio para las tradiciones. De hecho, eso permite que haya cierto orden en el servicio. El problema radica en que muchas veces nos comportamos de manera inflexible y le damos más importancia a aquello que no tiene valor eterno.

Por ejemplo, si hay una persona en mi iglesia que no puede permanecer sentada por largos períodos de tiempo, ¿por qué no permitir que se ponga de pie y permanezca en algún lugar del templo donde no bloquee la visión de nadie?

Si hay una persona que está siendo afectada por el alto volumen de la música, ¿por qué no bajar un poco el volumen o acomodarla en un área lejos de las bocinas o darle unos audífonos para mitigar un poco el sonido?

A lo que voy es: no debemos ser piedra de tropiezo para la población con discapacidad. Ellos también necesitan el Evangelio y, cuando ponemos como prioridad «un servicio perfecto» antes que la integración de esta población, afectamos no solo su crecimiento espiritual, sino también el corazón de sus familias.

Nuestra meta como iglesia debe ser que las personas con discapacidad vean el carácter de Cristo en nosotros. ¡Un gran desafío! Y no hablo de perfección, sino de una disposición del corazón, de un acto de obediencia, de amar como Jesús nos amó, de manera sacrificial.

Hoy es un buen día para pedirle al Señor que nos ayude a ser intencionales en atender el llamado de las personas con discapacidad. Que abra nuestros ojos para ver su necesidad de salvación. Que nos permita verlos a través de Sus ojos; tal como Él los ve. Para su gloria, el beneficio de la población con discapacidad y nuestro bien.

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