Su mayor necesidad es Cristo

Existen dos rutas peligrosas que tendemos a asumir al momento de evangelizar a la población con discapacidad:

  1. La creencia de que la discapacidad es resultado de una maldición.
  2. La creencia de que la persona con discapacidad es lo suficientemente buena como para no necesitar la salvación.

En primer lugar, la discapacidad no se da como resultado de una maldición. Permíteme demostrártelo con un extracto de la Palabra de Dios.

Juan 9:1-3 dice:

Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento. Y Sus discípulos le preguntaron: «Rabí, ¿quién pecó, este o sus padres, para que naciera ciego?». Jesús respondió: Ni este pecó, ni sus padres; sino que está ciego para que las obras de Dios se manifiesten en él.

Los discípulos vieron a este hombre ciego y asumieron que fue un pecado por parte de él, o de sus padres, lo que desencadenó en este hombre su ceguera. Por eso le preguntaron a Jesús: “¿quién pecó, este o sus padres?”

La respuesta de Jesús ante esta pregunta revela el propósito de la discapacidad de este hombre “para que las obras de Dios se manifiesten en él”. Esto deja claro que la discapacidad de este hombre ciego tenía un propósito particular para Dios.

Por tanto, no hay discapacidad que interfiera con el poder de Dios para obrar en y a través de la vida de una persona.

La discapacidad se da en primer lugar a causa de vivir en un mundo caído. Por causa de la desobediencia de Adán y Eva, nada es lo que debería ser.

En segundo lugar, Dios a través de Su Palabra afirma que “no hay justo ni aún uno” Romanos 3:10. Todo ser humano nace en pecado, separado de Dios, en enemistad con Dios y eso incluye a la población con discapacidad.

Por tanto, también necesitan el evangelio.

Dios envió a Su Hijo a morir, no solo por los pecados de aquellos que no tienen ningún diagnóstico, sino también por aquellos que tienen discapacidad.

No importa el grado o la severidad de su discapacidad, necesitamos proclamarle las Buenas Nuevas de Salvación a esta población. Dios en Su gracia abrirá los ojos espirituales de aquellas personas con discapacidad que pasarán a ser sus Hijos.

La población con discapacidad no solo necesita el evangelio para salvación, sino también para vivir en abundancia. Y no hablo de abundancia material, sino de abundancia espiritual, paz con Dios, propósito eterno, identidad en Cristo, gozo, esperanza presente y futura. En fin, una vida para Su gloria.

Cuando una persona con discapacidad recibe el regalo de la salvación, comienza a vivir para el propósito por el cual fue creado. El Espíritu Santo comienza un proceso de santificación a través del cual crece espiritualmente y enfrenta los retos propios de un diagnóstico de una forma totalmente nueva.

Y de esa forma, aquellos que estén a su alrededor podrán gozarse al ver cómo Dios obra en su vida para Su gloria, el beneficio propio de la persona y nuestro bien.

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